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Bancada Femenina

Tanto en los planos familiar, social y político, las mujeres han visto continuamente postergados sus derechos. El Estado, obligado a garantizárselos, no ha sido capaz de revertir esta situación o, en todo caso, no le ha prestado la suficiente atención. Los indicadores nacionales de género son prueba de ello.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática, en el 2014 el embarazo adolescente llegó al 14.6%, 10% de mujeres no recibió atención de salud especializada de parto y solo el 61.5% de mayores de 25 años contaba con educación secundaria, a diferencia de los hombres (73.1%). La tasa de participación en la fuerza de trabajo para mujeres mayores de quince años fue, en ese mismo año, del 64.4% para las mujeres, frente al 82.7% de los hombres. Por otro lado, el 31.9% de las mujeres no cuenta con ingresos propios (autonomía económica). Los hombres en esta situación son el 12.7%.

Esta grave realidad no mejorará si se mantiene la escasa representación femenina en la política, que debe ser la más interesada en impulsar los temas de género. En efecto, en el siglo XXI las mujeres solo han ocupado entre el 20% y el 29.2% de los escaños del Parlamento (24 de 120 en el 2000-2001, 23 de 120 en el 2001-2006, 35 de 120 en el 2006-2011, 28 de 130 en el 2011-2016 y 36 de 130 en el 2016-2021). Esta proporción es similar hoy en cada uno de los partidos políticos con presencia congresal: en Fuerza Popular son 25 (34.2%), en el Frente Amplio por Justicia, Vida y Libertad, 4 (20%), en Peruanos por el Kambio, 3 (16.7%), en Alianza para el Progreso, 2 (22.2%) y en la Célula Parlamentaria Aprista, 1 (20%). Acción Popular no cuenta con congresistas electas, y dentro de los no agrupados se encuentra una única congresista. Por su parte, el gabinete ministerial está conformado por solo cinco mujeres de un total de 19 miembros, todas ellas designadas en carteras que representan los roles que comúnmente la sociedad les otorga en el ámbito familiar y social (desarrollo social, salud, mujeres, poblaciones vulnerables, derechos humanos y medio ambiente).

Esta situación deja en claro que la Ley N° 27734 (que estableció una cuota de 25% en 1997, ampliada a 30% en el 2000), ha sido insuficiente para consolidar la participación de la mujer en espacios de decisión política. Por ello ONU Mujeres ha expresado que la presencia de mujeres en la política es aún exigua y, por tanto, es necesario avanzar hacia una democracia paritaria. Conjuntamente con la Oficina Nacional de Procesos Electorales han presentado la propuesta de alternancia en la lista de candidatos a cargos de elección popular hasta cubrir la cuota estipulada por ley. Esta medida sería importante para aumentar los niveles de representación.
Sin embargo, aún con una mayor presencia femenina en el Congreso, las características de las estructuras partidarias, con mayoría masculina, y con menor sensibilidad a la temática de género, posterga o diluye posibles iniciativas que podrían realizar congresistas a nivel individual. Se hace imperativo, entonces, que a pesar de las diferencias, las congresistas electas realicen un trabajo conjunto y coordinado que permitan impulsar iniciativas para hacer frente a las inequidades. En este sentido, recojo aquí la experiencia de la llamada Bancada Femenina de Uruguay, que se sustenta en el trabajo conjunto de las representantes mujeres, sin importar el partido al que pertenecen, con el fin de impulsar la agenda de género y de colectivos vulnerables. Debido a las distintas sensibilidades respecto a la temática, la bancada no busca únicamente impulsar proyectos de ley, sino, dar visibilidad, y poner en agenda, a través del debate, temas de interés nacional. La bancada, asimismo, garantizaría que los proyectos en discusión dentro de la Cámara tengan una mirada transversal respecto a la temática de género.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), con motivo del décimo aniversario de la Bancada Femenina en Uruguay, realizó una sistematización de la experiencia, en la que señalan “[…] revela el compromiso de la Bancada Femenina de promover un amplio debate público sobre diversos temas de la agenda de género y más allá, de recoger y mediar las demandas de las mujeres –ya sean trabajadoras, madres, de organizaciones feministas o emprendimientos productivos– y de otros grupos sociales que encontraron en la Bancada un actor político dispuesto a escuchar y a actuar. También está clara la existencia de un compromiso colectivo real con la defensa de los derechos de las mujeres, que posibilitó el desarrollo de acciones de fiscalización efectivas”. En relación con su labor legislativa se menciona que “[…] se concibe una lógica de acumulación de acciones que apuntan a lograr una mayor visibilidad de determinados temas –violencia doméstica, participación política, salud sexual y reproductiva, derechos laborales– en la agenda política, y una mayor profundización en el debate público, que a su vez contribuye a generar presión desde afuera del Parlamento para la aprobación de nueva legislación que defienda el derecho de las mujeres”. Como conclusión, la bancada ha demostrado ser un “vehículo efectivo de mediación de las demandas de la ciudadanía, un garante de que los derechos de las mujeres no queden en la letra muerta y una pieza clave en la lucha por hacer que la agenda y los actores políticos se vuelvan más sensibles y responsivos a los temas de género”.

En el Perú, esta tarea no pareciera ser fácil; las sensibilidades en cuanto a la temática de género, aún dentro de las congresistas femeninas es diversa, pero la generación de debates públicos que permita poner en la palestra temáticas de interés social no puede seguir siendo relegados a un segundo plano.

La experiencia más cercana que tenemos en Perú es la Mesa de Mujeres Parlamentarias Peruanas, con muy poca difusión, poca cohesión, y con un trabajo esporádico, principalmente de puertas adentro, con poca sintonía con las organizaciones sociales y población en general. Es momento de fortalecerla.

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